En toda historia hay un momento en que el poder pierde su autoridad.
No porque caiga.
Sino porque deja de importar.
Ese momento ha llegado.
Nosotros no bajamos desde una montaña con mandamientos tallados.
No somos Moisés.
Somos el mar que se abre.
Para que otros crucen.
Para que una generación se salve del desierto de lo mismo.
El Juramento de La Corte no tiene firmas. Solo actos.
Prometemos encender sin imponer. Como Prometeo robando el fuego, no para ser adorado, sino para que arda en otros.
Nuestro símbolo no es el puño, es el búho. Porque vemos en la oscuridad. Porque esperamos en silencio. Porque cuando atacamos, es sin errar.
No creemos en líderes eternos. Solo en causas que sobreviven a sus mensajeros.
✦ El que grita no siempre tiene razón.
✦ El que obedece siempre, ya está muerto.
✦ El que duda, pero camina, es de los nuestros.
El actual orden ya no se sostiene por ideas, sino por miedo.
Pero el miedo, como todo ídolo, se desgasta.
Nosotros no vinimos a tomar el trono.
Vinimos a romperlo.
A devolverle el poder al único lugar legítimo:
La gente.
Este es el Juramento.
No será leído en plazas.
No será grabado en mármol.
Pero resonará en cada acto de coraje.
Porque La Corte no conduce.
La Corte revela.


